Hacia los orígenes

de Paulo Freire

 

21022022 art. 4Paulo Freire -gestor de la pedagogía crítica en Latinoaméricaes uno de los pedagogos mundiales más destacados del siglo XX. Fue un educador brasileño que vivió la pobreza y el hambre durante la crisis económica en 1929, siendo esta experiencia la que despertó su gran preocupación por los pobres y el interés por forjar una educación que les permitiera ser escuchados, formados y liberados de la fuerte represión que encabezaba el Estado.

 

Con su revolucionario método educativo¹ introdujo a los analfabetas en la complejidad de aprender a leer y escribir, ampliando así los horizontes educativos, la construcción de la esperanza, de la libertad y de recuperar la dignidad de los más vulnerables, haciendo de estos unos educandos más conscientes y deseosos por cambiar el mundo. Sin embargo, esto le costó su exilio en 1964 y durante este tiempo escribió varias obras en las que le dedicó especial atención a la pedagogía de la liberación y la pedagogía del oprimido, que permitieron comprender que los sujetos se hacen en la palabra, en la acción, en la reflexión y en el trabajo: “nadie educa a nadie; nadie se educa solo; los hombres se educan entre sí, mediados por el mundo” (Freire, 1967), revolucionando así a la educación como el único medio para ser libres.

 

Freire le dio gran importancia a la educación tanto de los adultos como de las poblaciones más marginadas, buscando que esta se diera de manera horizontal para que los líderes políticos y educadores aprendieran de sus alumnos al tiempo que les enseñaban y orientaban; además, pretendía que esta educación no solo fuera para alcanzar un nivel académico o un título, sino que fuera ante todo un acto que les permitiera la emergencia sociopolítica y la participación en la vida pública “dado que la gran masa de campesinos vivían en gran medida fuera de la economía de mercado y fuera de las contiendas electorales. Los analfabetos no votaban y el 90% de los campesinos eran analfabetos” (Fernández, 2002, p.318). De allí la importancia de darles reconocimiento y voz para que lograran incidir en las decisiones de la sociedad.

 

Una faceta importante de Freire fue su militancia cristiana, ya que esto le permitió tener una acogida dentro de la Iglesia (para el caso de Colombia, específicamente en la Conferencia Episcopal de Medellín 1968), influencia evidenciada en “la Teología de la liberación y la Iglesia de los pobres”, convirtiéndose así en una educación concientizadora y con una opción ética; fue entonces como en 1967 publicó su primera obra, titulada La educación como práctica de la libertad, obra en la que narra sus experiencias y observaciones con los hombres sencillos de la sociedad brasileña, los analfabetas con los que, según él, tanto aprendió.

 

Para Freire, la sociedad brasileña fue una sociedad sin pueblo comandada por una élite superpuesta a este mundo, en la que el hombre sencillo era minimizado y sin conciencia, pues lo que importaba era educar a las masas para su domesticación, para la alienación. Por esto, en su obra se empeñó en la búsqueda del hombre-sujeto, con una sociedad que pensara en este, y en que la educación fuese capaz de ubicarlo en una postura de autorreflexión y de reflexión sobre su tiempo y espacio, cuya toma de conciencia le permitiera la inserción en la historia, no como espectador sino como actor y protagonista, con el fin de lograr la liberación del hombre como persona.

 

El lenguaje usado por Freire se vió marcado por dicotomías y polarizaciones, tales como opresor-oprimido, reacción-revolución, educación vertical-educación horizontal, educador/educando, etc. (2002, p.329).

 

Una de las más fuertes dicotomías fue educación y política, de allí su frase “todo acto educativo es un acto político”, en la que insistió en que la educación siempre tiene una intencionalidad, además de formar un sujeto político y que, a su vez, este tomará diversas posturas. Sin embargo, Freire le apostó a que la educación estuviera al servicio de la criticidad y de la construcción de personas que pudieran y quisieran cambiar la sociedad de una manera reflexiva, solidaria y crítica de su quehacer diario, siendo esto la esencia de su pensamiento.

 

La segunda dicotomía importante que desarrolló fue teoría y práctica; para Freire, “la teoría sin práctica es palabrería y la práctica sin teoría es activismo loco” (2002, p.330). El conocimiento es producto de una práctica histórica y dialéctica, con el fin de superar las contradicciones de cada momento. Las prácticas sociales no pueden entenderse sin teorías como la visión del mundo y del hombre, que deben estar en constante cambio.

 

En este mismo orden, la transformación y adaptación fue una dicotomía que permitió ver en la educación una práctica transformadora, revolucionaria, reaccionaria y en una constante adaptación al sistema, tanto en lo político como en lo educativo, con el fin de hacer posible lo imposible en cada circunstancia y de sembrar semillas en este campo, que darían un fruto cambiante al sistema político y educativo convencional.

 

Según Freire, la educación debe servir para que los educadores y educandos “aprendan a leer la realidad para escribir su historia”. Esto supone comprender críticamente su contexto para actuar y transformarlo. Entonces: educar es conocer críticamente la realidad, es comprometerse con la utopía de transformarla en una educación para la vida, el amor, la justicia, la solidaridad, el diálogo, es formar sujetos para dicho cambio.