Paulo Freire

y la síntesis pedagógica de una tradición revolucionaria: la Educación Popular

 

21022022 Art. 2Simón Narciso Carreño Rodríguez fue el principal precursor de las prácticas pedagógicas que le dieron soporte teórico a la Educación Popular en las colonias americanas, elemento que por consiguiente se convirtió en herramienta de combate político-militar para conquistar la libertad que otorgó la primera independencia del yugo español.

 

Este caraqueño que dejaría de divulgar su pensamiento por aldeas, ciudades y caseríos populares en los más recónditos lugares de la geografía sur americana a los 85 años, muere en el pobre poblado peruano de Amotape, el 28 de febrero de 1854. Del Perú serían trasladados sus osarios cien años después (1954) a su natal Caracas, antigua capital de la capitanía de Venezuela en donde doña Rosalía Rodríguez le dio a luz el 28 de octubre de 1769¹.

 

Basta es la producción teórica de Rodríguez en materia pedagógica, en ella se pueden encontrar textos como: Sociedades americanas (1828), El Libertador del mediodía de América y sus compañeros de armas, defendidos por un amigo de la causa social (1830), Luces y virtudes sociales (1834); en 1840 en Chile publica en el diario El Mercurio algunos artículos sobre política y pedagogía, Extracto sucinto de mi obra Educación Republicana (1849) y por último el manuscrito titulado Consejos de un amigo al Colegio de San Vicente de Latacunga (1851), algunos de estos con ediciones ampliadas posteriormente de su primera publicación.

 

Son estos escritos el registro fidedigno de la propuesta pedagógica del maestro de América, como es bien llamado el caraqueño, puesto que refleja su novedosa lectura educativa, la cual consiste en el incluir al sistema educativo a los hijos de los negros, de los pueblos indígenas y campesinos, quienes fuesen segregados de la educación por imposición de la corona española, sumándole a ello el carácter mixto y la realización de la práctica educativa en lugares adecuados para el aprendizaje.

Esto escribía Simón Rodríguez al respecto de sus posiciones educativas, citado de (Carvajal, 2019): “Los Doctores Americanos no advierten que deben su ciencia a los indios y a los negros: porque si los Señores Doctores hubieran tenido que arar, sembrar, recoger, cargar y confeccionar lo que han comido, vestido y jugado durante su vida infantil […] no sabrían tanto […] estarían en los campos y serían tan brutos como sus esclavos” (pág. 147)

 

Con ello Simón Rodríguez plantea dos elementos, el primero, tiene que ver con su lectura clasista del mundo, puesto que entiende que, es la imposibilidad de los negros e indígenas de acceder a la educación, esta entendida como general², es decir, una educación de carácter pública, sin excepciones, pues entiende que todo lo que no es público, no es social y por ende carece de contenido humano; negarle la educación a los negros e indios que, en sus palabras, son los principales constructores de la sociedad Americana es quitarle la posibilidad de vivir en libertad y, por lo tanto, obligarles mantenerse en esclavitud, refiriéndose a que la educación es un acto creador que posibilita abolir las cadenas que a la América han atado al poder español. Además de ello, en segundo lugar, Rodríguez, agrega que la ciencia de la que se jactan dichos “Doctores” no es más que la posibilidad de vida que tanto negros e indígenas les han permitido tener al posibilitarles el tiempo para educarse y frente a esto agrega en su libro de “Sociedades Americanas” (1828): “Dénseme los muchachos pobres, o dénseme los que los hacendados declaran libres al nacer, o que no pueden enseñar, o que abandonan por rudos. Dénseme los que la Inclusa bota porque ya están grandes, o porque no puede mantenerlos, o porque son hijos ilegítimos” en (Villamizar, 2019, pág. 46) No es raro encontrar estos planteamientos en el que fuere el maestro de Simón Bolívar³, pues tras su exilio en Europa, después de descubrirse una conspiración independentista que en 1797 lo obliga a partir hacia Jamaica donde adopta el nombre clandestino de Samuel Robinson y que llevará durante toda su estadía en Europa que se prolongaría por 23 años (1800-1823), reafirma sus radicales posiciones humanistas, pues bien, se conoce de su propio relato, éste, frecuentaba las juntas secretas socialistas, al decir de Sánchez y Torres (2019) se le llegó a conocer en Chile y otros lugares tras su llegada a América como ”El socialista”, elemento que permite dar fuerza al argumento de que Rodríguez defiende un clasismo popular, que lo enfrentaba a la intelectualidad de la aristocracia americana y, por lo tanto, lo empujaba a la lucha por buscar un mejor destino para quien el llamaba los muchachos pobres e hijos ilegítimos.